Vivir una
práctica viva

La práctica no es lineal. Parar no es abandonar. Lo que significa sostener algo en el tiempo sin que se vuelva obligación.

Cuando hablo de práctica fotográfica, no me refiero a cuántas fotos sacamos ni a cuánto producimos. Hablo del espacio que volvemos a habitar con la cámara —y también sin ella— como parte de nuestra vida cotidiana.

Tal vez sentimos que nuestra práctica "no avanza". Pero vale la pena detenerse a mirar qué significa avanzar para cada quién.

Porque avanzar no siempre tiene que ver con producir más imágenes, ni con disparar todos los días. A veces tiene que ver con entrar en un ritmo más orgánico, con sentir que hay una cierta armonía entre cómo miramos, cómo vivimos y cómo estamos.

La práctica no es solo hacer fotos.

También es mirar con atención, registrar lo que nos rodea, dejar que la experiencia cotidiana alimente la mirada. Es leer, observar, descansar, volver a empezar. Es permitir que haya momentos de cámara aparcada, de deseo cambiante, de ritmos distintos. Y es que a veces la práctica insiste de formas muy silenciosas.

Una práctica viva no es lineal.

Tiene etapas, ciclos, estaciones. Momentos de expansión y momentos de pausa. Parar no es abandonar: es parte del proceso. Y a veces, el verdadero sostén aparece cuando dejamos de exigirnos producir y empezamos a escuchar qué necesita nuestra práctica en cada momento.

Porque practicar no es perseguir un resultado.

Es abrir un espacio. E incluso cuando no "sale nada", algo se mueve. La práctica deja huella cuando se la mira con paciencia, con curiosidad y con un poquito de compasión.

Desde este lugar entiendo y vivo la práctica: como una relación profunda que se me construye y se me transforma con el tiempo.

Lista

estoy en un momento de investigación interna pero cada tanto comparto algo. si quieres recibirlo, deja tu correo.

Sin frecuencia fija. Sin spam.