La otra
mirada

Un retrato con una desconocida. La fotografía como forma de relación y de encuentro. Lo que cambia en la imagen cuando la confianza aparece.

"Todo esto, que se sentía un juego, era en verdad la experimentación más primaria sobre comenzar una vida más enfocada a la fotografía personal, a esa historia que venía entretejiendo inconscientemente hace años, al lugar de la otra en mi trabajo narrativo y fotográfico."

La Otra Mirada fue un registro que solo a la distancia pude entender de verdad. Y hoy se los vengo a contar. Voy a comenzar por el principio.

¿Qué fue La Otra Mirada?

Fue un experimento. Fue sentarme delante de una mujer desconocida y tener una conversación durante más de una hora, incluso dos.

Mi propósito era ver si cambiaba algo en las fotografías a lo largo del tiempo, por eso, desde el principio, le hice fotos.

¿Cambiaría ella como modelo y yo como fotógrafa a medida que nos relajábamos y entrabamos en confianza?

¿Algo se modificaría en su lenguaje corporal y en mi forma de fotografiarla? Creía que sí, y así fue. Se notó, lo noté y ella también.

El encuentro fue potente, hablamos de la vida pero también de la competencia —o no— entre mujeres, colegas, aprendices y experimentadas; sobre surf y fotografía.

Un encuentro constructivo y hermoso.

Estas fotos dejan al descubierto cómo fluyó la sesión-encuentro. Desde el lado de Eva, veo claro cómo su lenguaje corporal se fue relajando. A la vez, la conversación fue mutando, se soltó, se abrió, como si de verdad me tuviera confianza.

Yo hice lo mismo, y el resultado fue una charla real y honesta. Algo que, sin saberlo, también estaba buscando.

Desde mi lado, como siempre que fotografío a alguien por primera vez, estaba un poco nerviosa. Cuando trabajo con desconocidas siempre les aclaro que las primeras fotos son de calentamiento, para ella y para mí.

Pero conforme pasó el tiempo me fui relajando y moviéndome. Normalmente al fotografiar prefiero moverme.

Las imágenes hablan de esa distancia: el acercarme conforme pasaba el tiempo, cambiar mi ángulo de enfoque.

Las últimas dos imágenes, ya fuera del set-up de la sesión, son mis favoritas. Las veo naturales, desde mi forma de tomarlas y desde su forma de estar. Y esta sensación abre una nueva perspectiva.

La fotografía, entendí, es una de mis mejores herramientas para relacionarme, y este fue un primer gran registro consciente.

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