La energía de este lunes es de entusiasmo. Muchas de las fotografías que hago instintivamente se convierten en compañeras eternas.
Fotos que están mal expuestas, con encuadres eclécticos, que apenas existen, que fueron una coincidencia, solo el resultado de un impulso que pasó por el cuerpo y dejó marca. No pretenden ser arte pero se convierten, sin pedir permiso, en archivo y obra de lo vivido.
Como migrante, cada vez que vuelvo al lugar donde nací entro en un proceso complejo, lleno de capas. Muchas ya se disolvieron, otras todavía están en proceso de integración. Lo sé, porque lo siento en el cuerpo antes que en la mente.
Recuerdo un viaje en particular, durante las primeras horas en el país. Yo creo en eso de que el cuerpo llega primero y el alma después; lo viví muchas veces.
Como parte de un ejercicio místico y arteterapéutico, abrí el pequeño ritual de observar y moverme con la luz, sin mirar, simplemente sintiendo y disparando sin juicio, sin buscar una imagen, dejando que la magia sucediera.
Era una cámara analógica, así que no vi nada en el momento; solo disparé y confié. No sabía qué estaba buscando ni por qué lo hacía, pero tenía que hacerlo.
Ese tipo de impulsos son los que me siguen uniendo a la fotografía después de tantos años.
Hay señales, llamados. Y yo, cada vez más, me dejo guiar.
Al tiempo, cuando revelé el carrete, solo vi registros. Fueron, muchas, fotos más del montón pero con el tiempo, después de verlas una y otra vez, entendí: mi cuerpo había hablado sin palabras, había dejado un rastro.
Hoy, miro esa serie y entiendo cosas.
Hace años que acompaño procesos personales y creativos a través de la fotografía. Hoy lo hago, sobre todo, desde la arteterapia, pero también desde el cuerpo: una práctica con presencia, movimiento y libertad.
No me interesa plantear mis clases desde la técnica para hacer "buenas fotos", sino como espacios donde despertar la mirada, donde moverse para que florezcan registros que, inconscientemente tal vez, piden ser habitados.
Porque cuando la cámara y la imagen se vuelven aliadas del cuerpo, algo se abre.
Muchas veces, en clase, aparecen imágenes donde quizás no se ve "nada", pero está todo. Porque responden a la necesidad profunda de dejar una huella, aunque sea mínima.
"Una fotografía puede activar un lenguaje más inmediato, simbólico y emocional que el de las palabras. Nos permite mirar sin explicar. Sentir sin nombrar." D. Loewenthal
La mayoría de las veces no se trata de documentar, sino de acompañar.
Hay procesos corporales que no necesitan ser comprendidos, sino simplemente sostenidos. Y la cámara, si se usa sin exigencias ni presión por "hacer algo lindo", puede convertirse en un sostén sutil, pero poderoso.
En los momentos críticos, cuando no queremos mirarnos o necesitamos vernos de otra manera, la cámara puede ser una gran aliada. Tal vez no haya un deseo consciente de dejar registro, pero sí una necesidad profunda de recordar. No se trata de posar, sino de sentir presencia.
Ahí es cuando aparece una forma distinta de hacer fotografía.
Pero no hace falta estudiar ninguna técnica para empezar. A veces alcanza con estar atenta, dejando que el cuerpo guíe la mirada.
La fotografía es una forma creativa, sensible y accesible de reescribir narrativas: propias, heredadas, impuestas o adoptadas, pero que piden ser revisadas.
Pienso en las fotografías que no publiqué, las que no mostré en ningún taller o esas que guardo en discos duros y archivos de negativos.
Ahí están los rastros de mis propios procesos. Mis puertas, mis túneles, mis umbrales. Y cada vez lo veo con más claridad: esas imágenes no son para todo el mundo, son para mí. Es mi archivo íntimo.
Pero están ahí, y aunque pase el tiempo, seguirán ahí para que no me olvide. Y cuando vuelva a mirar, pueda entender cosas.
Esta nota busca ser una semilla, una propuesta.
Quizás, en lugar de buscar la imagen perfecta, podamos abrir espacio para esa imagen que nos viene a contar cosas.
Esa es la fotografía que me interesa.
La que me acompaña sin explicar pero cada tanto resurge a traerme certezas. Porque el cuerpo, como el tiempo, también necesita tiempo y testigos. Y la fotografía puede ser uno de ellos.
Y te pregunto, ¿qué imagen necesita ser vista ahora, no por los demás, sino por vos?