La energía de este lunes es la de sentir la tierra fértil entre los dedos.
Utilicé el tarot como guía de escritura para esta nota y me salió La Estrella. La sincronía de las cartas nunca deja de sorprenderme.
Según Jodorowsky: "La Estrella incita a veces a no elegir entre dos opciones aparentemente irreconciliables, sino a conciliarlas... Representa una realización creativa, que supone encontrar su sitio."
Entre muchas otras, me quedé con esta frase. Porque si hay algo que me habita últimamente es esa sensación de estar entre dos mundos que a veces parecen incompatibles: maternidad y creación.
Y sin embargo, no solo creo que pueden coexistir, sino que estoy empezando a vivirlas como una sola cosa. Una raíz compartida: la creatividad como pulsión vital.
Esta semana decidí mudar mi espacio de trabajo al que ahora es el espacio seguro y de juego de nuestro hijo. Adaptamos la casa para que todo ocurra en simultáneo: la crianza, el juego, los proyectos, los libros, los cuadernos, la intuición. El suelo es esencial y compartido. Las manos cambian de rol constantemente. La mirada también.
No es lineal. Es una danza.
Me encuentro reorganizando cada día: revisando ritmos, ajustando expectativas, escuchando los límites del cuerpo, dándome tiempo. Pero también siento algo burbujeando por dentro, una inspiración intensa, casi volcánica. Como si el alma se supiera lista y ya no aceptara más demoras.
¿Cómo se combina una vocación que no entiende de pausas, con una presencia constante que lo pide todo?
El Sistema dice que no se puede. Yo digo que sí.
Y cada día lo compruebo en carne propia: criar y crear no solo es posible, es un desafío que enciende.
Pero no me apuro. Me doy el permiso de registrar este proceso desde adentro. Porque soy una creadora que teje. Me gusta trabajar con lo que ya fue vivido, sentido, metabolizado. Desde la distancia justa que permite mirar sin ahogarse, reivindico mis días recientes como materia prima; los resignifico, los entrelazo, los convierto en obra.
Creo que mi manera de crear es esa: entretejiendo la historia reciente. Esa es mi huella. Y desde ahí nace lo que comparto. Nada de lo que propongo es aleatorio. Todo ha pasado antes por el cuerpo.
De esas múltiples experiencias surge también El cuerpo como archivo, un taller nuevo, pero que bebe profundamente de todo lo recorrido, compartido y propuesto estos últimos años.
Una propuesta gestada con lentitud, masticada entre rutinas que se transforman y ajustan, cuadernos con notas a medio escribir, grabaciones fallidas y emociones intensas. Probablemente también resultado de esta maternidad elegida, vivida, sostenida.
Como una segunda gestación. Una propuesta nacida de la vida.
Y vos, ¿creás también en retrospectiva?